The Empty Chair, por Sir Samuel Luke Fildes, 1870

lunes, 26 de diciembre de 2011

Libros Dickens le desea un muy feliz año 2012 en el bicentenario de Charles Dickens [1812-2012]

En estos días finales de 2011 es nuestro deseo más vehemente agradecer su apoyo a todas las personas, nacionales o extranjeras, que han confiado en Libros Dickens para conseguir los libros que más anhelaban. Tan sólo nos queda la esperanza de haber sido dignos de esa confianza.  Por otra parte 2012 comienza con un cercano aniversario en el horizonte al que Libros Dickens no puede ser insensible, nada menos que  el doscientos aniversario del nacimciento del genial e inimitable Charles Dickens. Por ese motivo y, a modo de homenaje, recogemos aquí el comienzo de David Copperfield, obra en la que el genial autor británico volcó una parte de sí mismo. !Muchas gracias a todos¡

"Para empezar el relato de mi vida por el principio de la misma, dejo constancia de que nací un viernes  a las doce de la noche según me contaron y yo lo creo. Un detalle que me llamó la atención fue el que comenzamos simultáneamente el reloj a dar las horas y yo a llorar.
   La matrona y algunas sabias mujeres de la vecindad que venían interesándose vivamente por mí algunos meses antes de que hubiese la menor posibilidad de que nos conociéramos personalmente, declararon, en consideración al día y la hora de mi nacimiento, primero, que me aguardaba una vida desgraciada, y segundo, que poseería el privilegio de ver duendes y espíritus; porque, según creencia suya, tales dones van inevitablemente adscritos a los infortunados niños de uno u otro sexo que nacen en las primeras horas  de la madrugada del viernes.
   Con relación a la primera de estas afirmaciones, no hace falta que yo diga nada aquí: en primer lugar, porque la narración de mi vida es la que mejor puede mostrar si tal predicción se realizó o si los hechos la desminiteron. Respecto al punto segundo, haré notar únicamente que, a menos que haya malbaratado esa parte de mi herencia siendo todavía un niño pequeño, no ha llegado, hasta ahora, a poder mío. A decir verdad, no me quejo, ni mucho menos, de no haber entrado en posesión de semejante riqueza; si alguien la está disfrutando en este momento, mi deseo más cordial es que siga con ella."
                 David  Copperfield, capítulo I (Editorial Aguilar, traducción de J. Méndez, 1950, pág. 12)