The Empty Chair, por Sir Samuel Luke Fildes, 1870

miércoles, 29 de diciembre de 2010

¡Exclusiva Mundial! Libros Dickens pone a la venta la titánica novela en 481 capítulos de G. Aubry "ANA O AMOR TRIUNFANTE"

Cinco tomos en buen estado, encuadernado el lomo en tela, el resto de las cubiertas en cartoné. Originalmente esta obra se publicó en una serie de fascículos que aparecieron periódicamente, ahora aparecen encuadernados en, como decimos, en cinco tomos. La obra en sí misma es monumental, titánica, desmesurada,y desafía a todo tipo de meliflua descripción, damos algunos datos, 3680 páginas, 481 capítulos, decenas de ilustraciones a página completa(por dichas ilustraciones suponemos que esta obra bien podría ser de la década de los 50 del siglo XX), los numerosos personajes de la novela desfilan incesante e inagotablemente  como en un diabólico pase de modelos a a velocidad infernal ante un público que estuviera intoxicado alcohólicamente,  intentamos esbozar  los nombres de algunos personajes, Carol Singora, el conde de Diambour, la princesa Elena de Sylvania, Pedro Volena, Mehemet Pachá, el doctor Bontemps, el príncipe Cristián de Sylvania, el miserable Boris Drekov, el Gran Duque de Bergonia, la bella Luciana, la gran duquesa Dorotea, el conde Alejandro Waleczy, Lady Stanley y su marido, el marqués de Stanley, el hijo de ambos(suponemos) Cirilo Stanley, el abate Chabrier, Pedro Giraud, el doctor Regnier, Muriel Bradford(esposa de James Bradford, uno de los hombres más ricos de Estados Unidos), el abogado Fulton, Luciana de Gersaint, el doctor Bright, la Condesa de Verlande, su fiel Tierko Davrilos, Bernardo IV, el conde de Louvetier, el psiquiatra y psicoanalista doctor Frank O'connor, el finlandés Virtanen y su hermana Helga, Elena Ardell, etc. etc. El autor en el capítulo 481 desmiente las acusaciones de irrealidad de la novela y nos dice: "He dicho y he repetido que esta novela no es producto de mi imaginación, sino que los hechos son absolutamente reales. Tan sólo, por discreción(sic), se han alterado los nombres de sus protagonistas y de algunos países donde transcurre la acción de la obra. Si la realidad es así, si en la vida se producen acontecimientos y casualidades que parecen fruto de la imaginación más desbordada, ¿por qué he de alterarlos en el momento de dar forma a la obra que tiene que ver la luz pública como una novela? Por lo tanto, me he limitado a relatar los hechos tal como han sucedido, creyendo que cumplía con mi deber. Hay que sacar la conclusión de que la realidad es, a veces, más novelesca que la ficción".

jueves, 23 de diciembre de 2010

UN FRAGMENTO DE DAVID COPPERFIELD Y UNA POSTAL A MODO DE FELICITACIÓN NAVIDEÑA DE LIBROS DICKENS

                
“…..mi madre había dejado una pequeña colección de libros en una habitación del piso alto, a la que yo tenía acceso por estar anexa a la mía. Nadie en la casa se preocupaba por tal biblioteca. De aquel bendito cuarto salían como una espléndida hueste pronta a acompañarme, Roderick Random, Peregrine Pickle, Humphrey Clinker, Tom Jones, el Vicario de Wakefield, Don Quijote, Gil Blas y Robinsón Crusoe. Ellos alimentaban mi imaginación y mi esperanza en algo mejor que aquel sitio y aquella época: ellos y las Mil  una Noches y los cuentos  de hadas.  Ningún mal me causaban en contrapartida, porque cualquier mal que pudiesen contener era desconocido para mí.  Aún hoy me sorprende pensar cómo encontré tiempo, en medio de mis congojas y mi necesidad de estudiar  temas mucho más áridos, para leer aquellos libros. Y me resulta curioso evocar lo mucho que me consolaron en mis pequeñas tragedias (que eran muy grandes entonces para mí)  al permitirme incorporar mi individualidad en mis personajes favoritos y atribuir a los Murdstone  a los personajes más aviesos (..). Yo fui Tom Jones (un Tom Jones infantil, una inofensiva criatura) durante una semana, y Roderick Random durante más de un mes. Tenía, en especial, gran afición a unos cuantos libros de viajes y aventuras que también se encontraban en la colección, y recuerdo haber pasado días enteros recorriendo la zona que me estaba asignada en la casa, provisto de un palo y personificando a la perfección a un capitán de la Armada Real Inglesa, en peligro de ser capturado por los salvajes y resuelto a vender su vida a alto precio. Aquel capitán no perdía jamás su dignidad, ni aún después de ser golpeado  en las orejas con una gramática latina…”
     Charles Dickens,  Historia y vicisitudes del joven David Copperfield, traducción de Juan G. Luaces.   Edit.  Joaquín Gil.  Barcelona, 1943. Pág. 54.